LOS ACHOQUES.
En mi pueblo Patamban a los hombres más feos se les dice que parecen achoques, en mi infancia yo tuve un compañero de escuela que le decíamos el axoque (ashoque) ahora le dicen Chuqui, por que por otro lado, su nombre de pila es Jesús y con el tiempo se ha ido metamorfoseando, el nombre junto con el apodo pues a los que se llaman Jesús se les dice Chuchi, Chucho, Churro, Chuche o Chuy en fin. Nunca, pero nunca se me ocurrió saber el significado de la palabra axoque hasta que en una ocasión me toco ir a vender loza (artesanía de barro) a Pátzcuaro donde quede maravillado de la infinita cantidad de artesanía y cosas bonitas que vendían de tantos pueblos, cercanos y lejanos, pues nosotros desde Patamban caminamos dos días para llegar a este dichoso pueblo.Aunque por mi edad no debería tener recuerdos de este viaje, fue tan impactante para mi, toda una epopeya, pues con tan sólo cuatro años, este viaje lo hice partes caminando, partes amache (cargar a un niño a horcajadas sobre los hombros de un adulto) y partes sobre los bultos de loza que iban sobre los burros o en sus ancas.
Salimos de Patamban antes de que saliera el sol, con la luz del lucero como todo P'urhépecha, caminamos hacia el oriente, primero a Cocucho, luego a Aranza, a Ahuiran después a Paracho y ya anocheciendo llegamos a Nahuatzen , donde nos quedamos a dormir, yo no sé si en mesón o en la casa de algunos parientes, el caso es que ahí dormimos y al otro día tempranito otra vez tomamos camino rumbo a Sevina luego a Pichátaro después a Uricho luego a Huecorio y por fin a Pátzcuaro.
Este viaje de dos días fue el más largo de mi vida y como todo el camino o más bien las veredas serpenteaban por bosques repletos de pinos interminables, nos acompañaban bandadas de "ruines" o "chismosos" (pájaros azules también llamados tordos muy vistosos y escandalosos que siempre andan en parvadas) por la tarde vimos a las Coas hermosísimas con su largas colas que parecen Quetzales.
Dos días caminamos, dos días de únicamente ver pinos y pinos bosques y más bosques tanto que se me figuraba que todo el mundo era igual, donde sólo había bosques y felicidad, pues sólo cuando veíamos parcelas sabíamos que un pueblo estaba cerca, parcelas grandes y chicas donde la gente sembraba sus milpas para tener maíz, frijol, habas y calabazas para vivir.
Ya en Pátzcuaro no me alcanzaban los ojos para mirar tantas cosas, tantas maravillas, tantos juguetes y tantas cosas que comer, alguien de mi familia me ofreció un tamal de axoque y comencé a comerlo, cuando de pronto, dentro del tamal encontré un gusano prieto y feo parecía un lagartijo, parecía un sapo, parecía un pescado, no señor yo no me como esto. ¿Qué diablos es? - Cómetelo guerito, cómetelo "kurita" esta bien bueno,
Ni maíz paloma yo nunca he comido esto, ni me lo comeré mejor denme un cacahuate o una cofunda, tengo hambre pero no es para tanto y ahí quedo el incidente.
Luego que vendimos la loza, el abuelo dijo, -como ya tenemos dinero ustedes váyanse en camión hasta Tangancícuaro y ya ahí se van caminando a Patamban, yo y tu abuela nos regresamos con los burros por donde venimos.
Entonces nos subimos a la flecha y nos llevo a Tzintzuntzan luego a Quiroga de ahí a Zacapu después a Carapan y pasamos por los once pueblos de la Cañada, comenzando por Carapan, luego santo Tomas, Tacuro. Ichan, Zopoco, Huancito y su cerro partido por una culebra de agua, Acachuen, Tanaco y Tanaquillo, Chilchota Y Huren hasta llegar a Tangancícuaro. En este viaje de regreso, el paisaje cambió completamente, de un lado veía grandes valles de cultivo y cerros pelones sin vegetación y del otro lado de la carretera arboles y arboles pinos y pinos en toda la rivera del río Duero huertos y huertas y en camión, sentado cómodamente viendo para un lado y para el otro ,después de haber asimilado el olor a gasolina, que cuando es la primera vez que te subes a un camión el olor de gasolina te marea y te hace devolver el estomago y te causa nauseas.
Todo fue bien hasta llegar a Tangancícuaro donde pasamos la noche, el mesón de este pueblo estaba lleno de pulgas y de chinches que no te dejaban dormir y aparte de todo, el colchón era un petate tirado en el suelo, lo único bueno que tenia este pueblo era el agua, pues en Patamban carecíamos de este precioso liquido y en este pueblo, la tiraban a dios dar, pues la pila del mesón que servia como abrevadero de las bestias, desde que llegamos estaba rebosante y tirándose y cuando nos fuimos, igual, ahí pernoctamos otra noche y al otro día temprano a caminar otra vez 15 kilómetros de pura subida y subida, pero así son los viajes, si quieres conocer tienes que sufrir.
Por lo menos no llevábamos carga, pues las compras las hicieron mis abuelos en Pátzcuaro donde estaban los burros que cargarían con esto y aquello, una cobija, unos huaraches, un sombrero, un aparato de petróleo, un guaje de agua, una rozadera, un azadón, un bielgo, una hacha, un machete, un caso de cobre, menesteres meramente rústicos y necesarios para la labranza de la tierra; en medio del siglo pasado no estábamos contaminados con tantos productos chatarra e inútiles, que sólo te hacen gastar y gastar como ahora. Ahí quedaron en mi memoria las incidencias de ese viaje.
Tiempo después cuando andaba ya noviando, una muchacha del pueblo me dijo, que a ella le gustaban los hombres guapos y bonitos, que los feos no le gustaban por que parecían axoques, fue cuando me acorde del detalle del tamal de axoque en Pátzcuaro, como mi abuelo ya no vivía, le pregunte a mi mamá y a otras personas mayores, ¿que eran los achoques?. Me dijeron que eran unos animalitos de Pátzcuaro que parecían, mitad lagartijos y mitad peces que podían nadar en el agua, esconderse y también podían andar en la tierra y que eran feos como mentarle la madre a dios.
Pero que en cambio eran sabrosisimos los condenados y buenos para la medicina, pues curaba empachos y sofocamientos, con tantita manteca de achoque se aliviaban hasta las parturientas, así como las tosferinas. Quede anonadado de estos animalitos tan feos como decían, tan sabrosos como saboreaban y tan milagrosos como alivio de todo, vaya pues con estos animalillos, feos, prietos, sabrosos y milagrosos, ¿cómo entiendo esto?.
Fui con el Tata K'eri del pueblo y el me contó que los axoques son unos animales antediluvianos, especie de renacuajos pero más grandes y con patas para andar en el lodo y con agallas para respirar en el agua. Son un eslabón perdido de cuando los animales de tierra se metieron al agua o a la inversa, cuando la tierra emergió del océano, también los animales se salieron del océano para invadir la tierra.
Me contó además que hace mucho, pero mucho tiempo antes de que se inundara todo, y de la noche de 4 días no había estos animales en Pátzcuaro, que un día vinieron por la mano derecha, que ellos eran de Xaltongo Zumpango y que eran tan portentosos y prodigiosos que tomaban la figura de un hombre y se iba al mercado (tianguis) con una canasta de peces y regresaba con 4 canastas de insumos y productos necesarios para vivir, a veces llevaba un canasto de culebras y otras veces un canasto de acotziles y el resultado era el mismo, siempre regresaba con sus 4 canastos llenos de cosas. Y todavía le alcanzaba de su canasto para regalar a los más necesitados y nunca se le agotaba el producto de su canasto. Y las gentes decían que sus pescados eran los más sabrosos, así como sus culebras, patos, ranas y moscos.
Un buen día la gente le pidió saber su nombre y él les dijo: me llamo Ahuizotl-Xolotl y vivo en la laguna de Xaltocan- Zumpango, fueron a pedirle que los gobernara, por que él era sabio y prodigioso. Se negó, y se negó muchas veces, pero también las gentes se lo pidieron muchas veces, al fin accedió a gobernarlos, pero luego empezaron los problemas que él como gobernante tenia que arreglar, cuando iban a buscarlo para resolver problemas, en su casa encontraban sólo una culebra, un ajolote o un animal del agua y el como era del agua siempre estaba en la laguna.
Luego toda la gente que lo hizo gobernante, se junto para matarlo, pero los moscos fueron a avisarle y el tomó su canoa y su canasto y se fue hasta el mero centro de la laguna, ahí agujeró su canoa y se hundió para siempre con ella y nunca más se supo de Ahuizotl-Xolotl. En la laguna nunca más hubo prodigios de canasto, los viejos más viejos cuentan que después apareció en Michoacán, que se fue por debajo de la tierra y donde hubo abundancia de peces, de patos y de culebras, fue en las lagunas de Michoacán, solo que acá en Michoacán no se llamo Ahuizotl-Xolotl si no se le llamo Axoque y con el se vinieron todos los patos, la culebras los peces, los moscos de agua y los camaroncillos de agua dulce que acá llamamos chapos.
Todo eso lo trajo el señor Axoque de allá de Xaltocan y de texcoco donde no dejo nada, sólo en Zumpango dejó una carpa amarilla y es lo único que actualmente se pesca en Zumpango, en Texcoco el agua era dulce, pero cuando se fue Ahuizotl-Xolotl el agua se volvió salada.
Esto que te cuento Zenaido, me lo platico mi Tata-K'eri que era mi Tatarabuelo y al él se lo contaron los Tata-k'eris de Zirahuen hace ya muchisimo tiempo, cuando para ir a Zirahuen hacíamos dos o tres días caminando y esa era la obligación de los Tata-K'eris y petámutis, saber cosas para platicárselas a las nuevas generaciones. Cuando a mi tata se lo contaron, todavía no teníamos presidente, teníamos virrey allá en Echeru. (así llamaban en Michoacán a México quiere decir tierra firme)
Este es el mentado axoque también llamado perro de agua, la ciencia lo cree extinto pero habrá que darse una vuelta por Pátzcuaro para verlo y si le es posible degustarlo; los toltecas lo elevaron a dios llamándolo el dios xolotl, actualmente de ahí se deriva la palabra ajolote y también la palabra xoloizcuintli para designar una raza de perros, la mas mexicana de todas las razas, así como también la palabra guajolote.
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Un P'urhépecha pues...
José Luis Huerta Ruiz








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