En nuestros días en las comunidades a raíz de la agudización de la situación problemática social, cultural y económica; en el seno de ellas surgen muchas preguntas ¿Cuánto tiempo más durara el respeto? ¿Son muchos niños y en el fondo que comerán y a que se dedicaran en el futuro? Samuel, me preguntaba ¿las bodas que hacemos en las comunidades tiene orígenes en la historia de nuestra cultura?, sí las ceremonias de las bodas tienen desde la antigüedad, pero eran más ceremoniales, la petición de la novia, con una edad considerable, la deliberación de los abuelos para revisar que si se puede dar esta nueva relación de parentesco, así hablan algunos libros históricos de la Cultura P'urhépecha.

Porque nuestros jóvenes se están casando a muy temprana edad todavía no tienen la suficiente experiencia; de la vida, madurez, en lo físico, en el pensamiento y en la toma de las decisiones como parejas, y se van a vivir con los padres por ello representa otra carga más, Samuel continuaba con gestos de preocupación, como nuevos padres no tienen mucho que enseñarles porque ni ellos tienen conocimiento de las cosas de la vida; me gustaría que los jóvenes siguieran preparándose en sus estudios, terminar una carrera, reunir quizás las mínimas condiciones y elementos para un buen vivir, pero no es así y por eso ahora tenemos serios problemas en las comunidades.

Después le pregunte a Chavo comunero de la comunidad de Comachuèn, el cual era su opinión cuando escuchamos una bonita o sentida pirekua y nos ponemos alegres o nostálgicos, dice nos provoca muchas sensaciones y nos hace remitir a recuerdos pasados, nos recuerdan a “la vida de carencia”, que hemos tenido, desde niños, muchos no tuvimos juguetes, calzado, en la juventud, no tuvimos para las libretas de estudiantes, incluso, hasta para el noviazgo, siempre carecíamos algo para poder vivir bien estos momentos y etapas de la vida, por eso cuando escuchamos una pirekua, sentimos ganas de llorar, de gritar pero es de impotencia; por eso a muchos caen en los vicios, por eso tenemos que tener la fuerza y el valor para poder contener este dolor de los recuerdos y saber vivir con nuestro pasado y seguir adelante.

Posteriormente, llego Gustavo nos saludo con un buenos días ¿no decían que íbamos a morir?, mientras otros le responde, eso es problema de nuestros hermanos mayas, nosotros los purhepecha aquí estamos y aquí seguimos, pero bueno prosigue Gustavo, ¿existirá un calendario purhépecha? Mientras todos los presentes nos quedamos mirando, y así empezó el debate filosófico en plena plaza de nuestra comunidad, que si y que no, hasta que se llego la conclusión que si había un calendario purhépecha, pero que no está escrita, sino que está en la noción de la mente del purhépecha, donde se basan más en los tiempos agrícolas, porque los mayores saben en qué tiempo se debe sembrar, si hay los tiempos en nuestros abuelos y eso es lo que estamos perdiendo la juventud por eso estamos viviendo un desequilibrio cultural y que tenemos que retornar en la profundización de esa sabiduría.

Tata Burmaro, es una persona mayor de la comunidad y el nos dice, que no hay de otra que reformular un plan como personas, como comunidad ya no son tiempos de tener muchos hijos, porque ya no hay recursos naturales como antes en donde permitía que todos tenían que comer, incluso terrenos para regalarles a los hijos, tenemos que reducir de máximo a tres, para poder tenerles más atención y apoyo en sus estudios, a unos se enfermaban y los llevas con el doctor, se aliviaban mientras los otros se te enfermaban y no puedes atender a todos en un mismo tiempo. Ahora se celebran los Reyes Magos, estoy plenamente convencido que los Reyes aquellos no eran magos he leído un poco la biblia, sino sabios, porque los magos buscan conocer las cosas con la adivinación, mientras los sabios con la certeza de la sabiduría a través de libros y la astronomía, ellos conocían los signos del tiempo, y todo pueblo que pierde estos signos no tiene futuro, y eso es lo que nos está pasando al Pueblo P'urhépecha, estamos perdiendo a nuestros sabios y por consecuencia no conocemos los tiempos que nos está tocado vivir.



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Autor del texto y fotografía: Raúl Cruz Sebastián.