Mundo verde por donde se pasea Nana Xaratanga, jugando a convertirla de plata con su mágica luz blanca en las noches silenciosas cuando Tata Jurhíata duerme y ella con su séquito de estrellas adorna la bóveda celeste. El lucero de la mañana sirve como guía e ilumina los surcos donde ha quedado el amor de los hombres de maíz, el sudor, el deseo de ver pronto las mazorcas de maíz morado y blanco que alimentará a sus familias. Los rayos lunares acarician las milpas de la Ciénega, ella camina lentamente disfrutando los diferentes tonos de verde: Verde botella, verde esmeralda, verde limón, verde esperanza…

Las espigas doradas coronan cada planta y el polen que cae sobre los surcos pintándolos de color oro. Maravilloso espectáculo es siempre la Ciénega, desde el barbecho, la siembra del maíz que parece una danza acompasada que los hombres bailan. Grano a grano se siembra con la esperanza del campesino, cada planta de maíz es como una hija que dará fruto año con año, la escarda es vigilada por Tata Jurhíata, hay que limpiar la mala yerba que puede lastimar el crecimiento del maíz.

En tiempo de lluvias la Ciénega es acariciada por la lluvia y por el viento por las noches duerme con una canción de cuna que cantan el viento y la lluvia. Por las mañanas las gotas de lluvia quedan en las largas hojas que parecen perlas y luego caen para alimentar la tierra. Los elotes tiernos en el mes de agosto semejan órganos melódicos que los niños al comerlos parece que tocaran una melodía al viento de la sierra.

El maíz va creciendo con el tiempo, pasan nueve meses y el segundo milagro se realiza: Viene la fiesta de la cosecha, la planta de maíz cambia de color, se vuelve color café claro y las mazorcas surgen de las hojas blancas. Comienza la fiesta de la cosecha, llega el gordero llevando el itacate para los peones que cuelgan a los costados de un burro. El gordero hace sonar un cuerno para que todos se acerquen a recoger su alimento. Los chundes llenos de fruta que les sirve de postre a los campesinos. Llegan las carretas que cargarán el maíz cosechado cubiertas con papel picado, una yunta de grandes bueyes con listones en los cuernos guían cada carreta. Risas, felicidad por el término de la cosecha. Allí mismo se escoge la semilla para el próximo ciclo en que la Ciénega se volverá a vestir de Verde Esperanza. Tatá Jurhíata está en el cénit, brillante, alegre, su Ciénega cumplió otro ciclo más.

Es diciembre y los llama hielos (familia de las gaviotas)surcan los cielos anunciando el invierno. Las nubes vuelan con rapidez arrastradas por el viento. La Ciénega descansa, para volver a ser fecundada por el hombre.