RAMN TORRES, ADIOS.
Por: Martn Equihua

A Ramn lo enterraron como se debe: con las banderas Nacional y Purpecha cubriendo su fretro, pues l sirvi a su pueblo y a su patria, como escritor y maestro, como autoridad comunitaria y msico… Los corazones, sin embargo, no se apaciguan con smbolos patrios, pues el llanto no cesa desde la noche en que le cay un infarto del cielo. Duelen las lgrimas de sus hijos y su esposa, las de sus hermanos y amigos… Pero hay unas que derriten al alma ms ptrea, lloradas en silla de ruedas, desde unos ojos nonagenarios de una mujer que gimotea como cra. Es su madre! Y es que todos sabemos que, en el guion elemental de la vida, son los hijos los que entierran a los padres, y no as, como ahora, con el maestro que se ha ido.

Su hermano mayor, y un sobrino, harn un recuento de la vida ejemplar de Ramn, mientras la tierra va llenando la cavidad mortuoria. Aparece el Ramn padre, el Ramn hijo, el Ramn militante de la cultura, el Ramn historiador y, as, el Ramn de cada faceta que nos regal mientras anduvo por encima de este mundo.

Hemos tenido la suerte -no sabemos si buena o mala- de acompaar a su ltima morada a otros destacados purpechas, trascendentes en la ciencia, la cultura o la poltica.

Recordamos ahora, por ejemplo, el repicar de campanas en Comachuen, y la msica de Tat Ismael Bautista sonando en los altavoces del pueblo, mientras que el cuerpo del pireri es llevado en hombros por una multitud que canta a pulmn o para sus adentros, a Male Chavelita u Ojos Coquetos, del poeta popular serrano. Recordamos a Tat Ireneo Rojas Hernndez, el cientfico, doctor de la Fsica y las Matemticas; al investigador y luchador por la cultura, al maestro, rector, editor… al soador de una juventud indgena formada bajo los ms altos estndares de calidad, pero arraigada en sus historias y culturas. Recordamos su ltimo adis en la prgola de Chern, y al mar de cabezas que lo condujo al camposanto, entre las notas alegres de una orquesta que no olvid sus aportes tambin a la promocin de la cultura musical.

Recordamos a Tat Juan Chvez y al torrente de lgrimas que tras l iba quedando, cuesta abajo, de camino al cementerio de su natal Nuro. Un hombre que no dej de luchar e imaginar un mundo mejor, incluyente y justo, siempre solidario y hermanado con los zapatistas del sureste que una madrugada del 94 le dijeron al mundo que parara su carro, y que observara la diversidad y la pobreza de las montaas. Desde entonces, y en realidad desde antes, tata Juan se hizo presente y se convirti en un smbolo de la resistencia terca y obsesiva sin la cual no habr un mundo ms igualitario y libre.

Y claro, recordamos a Tat Juan Victoriano Cira, de los poetas universales ms profundos, quien suba a los cerros de San Lorenzo a cazar sonidos de pjaros, de aleteo de mariposas, de prisas de chuparrosas y del viento azotando las hojas puntiagudas de los pinos, para armar sus canciones, y a quien al pie del hoyo del descanso de su cuerpo, su hijo, el gran compadre Lucas, lo llor con el ms desgarrador desamparo que se ha visto sobre la tierra, mientras algn violn en manos etlicas, dejaba escapar las notas de Sebastianita, la enorme pieza que le hered al mundo.

Ahora estamos aqu, oyendo a Male Francisquita, la pirecua que tanto le gustaba a Ramn, en las voces de su hermano Ramiro y del joven msico y maestro Juan Zacarias, acompaados por la orquesta universitaria de cuerdas. Ya su cuerpo inerte se despide de las ltimas gotas de luz, mientras que su alma va camino a auandarhu, en donde seguir reconstruyendo la Historia, para darle vida a los hroes y mrtires del color de la tierra; a los que nunca han entrado a los libros oficiales que suponen sin decirlo, que los indgenas han sido solo una mala carga para un mundo vido de modernidad.

Sean pues estas apresuradas letras, un humilde homenaje para el Ramn preocupado por un enfoque intercultural para la historia, y en todo caso, preocupado por recuperar el protagonismo de lderes y pueblos indgenas borrados de la historia oficial. Lo recordamos animoso, vertiendo ese conocimiento en plazas y reuniones comunitarias, a la espera del libro impreso que se le regate. l no dud de la importancia de compartir, como fuera, el conocimiento de “la aportacin de nuestros antepasados y de los sacrificios, humanos, materiales y econmicos para contribuir a la lucha por la Independencia”, y de otros periodos y movimientos transformadores de los que el Mxico de hoy es heredero. En torno a la Independencia, Ramn pudo concluir lo que a muchos parece obvio, pero que l lo hizo con el rigor de los datos en mano: que los pueblos indgenas y sus lderes, “nunca dejaron de luchar”. Rescat nombres como los de “Pedro Soria Villaroel, el Indio Armola, Juan Cipriano, Pedro Rosales, Jos Ma. Berrospe, Jos Manuel Gonzlez, Lorenzo Arroyo, Juan Antonio Castro, el Indio Marcelino…”, y de otros hroes annimos que han quedado, escribi, “olvidados e ignorados por la historia”.

Ramn no dej el hilo de la tierra y del territorio para alcanzar sus explicaciones. Nos recordaba, por si hiciera falta, que para los pueblos indgenas, “la tierra est ligada a la lluvia, al viento, al trabajo, a los astros, estaciones, climas y altitudes… es decir, a la naturaleza, como tambin lo est el hombre”; parafraseando al Jefe Seattle, nos record que “la tierra -que ahora lo recibe de vuelta- no es de los hombres -y mujeres, claro-, sino que estos forman parte de ella, junto con otros seres vivos que comparten un mismo entorno natural y social”. Por todo ello, a nuestro hroe annimo y amigo, no un adis, sino: Hasta siempre, Ramn!




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Un escrito y fotografas del periodista Purpecha: Martn Equihua.