Para todos es notorio que se han lanzado en grande las averiguaciones acerca de la identidad nacional, cualquier cosa que esto sea... Ya se han dejado escuchar las voces disidentes, la de Carlos Monsiváis, la del poeta Ramón Martínez Ocaranza, la del colega Domingo Argüelles, quienes, con distintos matices, llaman la atención acerca de que el concepto de identidad nacional presupone un país homogéneo y no dividido en clases... Por eso, es interesante echarle una mirada a la resolución de una de las mesas de discusión del Encuentro de Solidaridad con la Comunidad P'urhépecha, realizado en Tarejero, Municipio de Zacapu, en Michoacán.

Para empezar, este grupo indígena concibe a la cultura “como un instrumento en defensa de la tierra” y luego rechaza la llamada cultura occidental a favor de “una cultura de los pueblos indios de hoy”... Consideran que la cultura nacional es una cultura dominante y occidental que admira el pasado indígena, pero no le interesa la cultura india del presente... por otro lado, lo que también es evidente, postulan “una definitiva oposición entre la vida india de comunidad (pueblo, aldea, etcétera) y la urbana (occidental moderna)”...

Al contrario de lo que acostumbra creerse en los medios oficiales e intelectuales, para este grupo P'urhépecha, el mestizaje no ha ocurrido: “los pueblos indios sabemos que no hay ni hubo conquista, sino invasión. Ante la invasión, los pueblos indios han resistido y continúan luchando manteniendo su lengua y desarrollando sus símbolos; la permanencia de nuestras culturas es la prueba máxima de que no hemos sido conquistados. El mestizaje no es fusión ni conduce a una nueva cultura”.

Para el P'urhépecha, no hay alta cultura y cultura popular, ya que en su justo sentido antropológico, el arte forma parte de la vida cotidiana de la comunidad y los dos aspectos juntos integran la cultura. Por eso declaran: “La tierra, la cultura y la liberación india son para nosotros una misma cosa; hacemos por medio del teatro, la pintura mural y las canciones, las denuncias concretas de nuestros opresores”.

Así, sin aceptar la separación típica de la cultura occidental, inician el primer acuerdo con estas palabras: “Junto a la reivindicación de los terrenos en conflicto y el consolidar el territorio comunal, debemos organizar la defensa y recuperación de nuestra cultura ancestral”...

Para ese rescate proponen medidas asombrosamente concretas: comités de base en cada comunidad india que contemple ”la enseñanza de nuestra lengua materna”, campañas de alfabetización para adultos y “proyectos que hagan avanzar la conciencia comunal para defender, desarrollar y fomentar la cultura P'urhépecha... En seguida, y esto es lo fundamental, agregan “por nosotros mismos”... Esta frase final le pone un hasta aquí al paternalismo, los presenta como dueños de su propio destino.

Proponen un Frente de Trabajadores de la Cultura P'urhépecha, integrado por la comunidad india y por maestros, profesionistas y en general, “compañeros concientes” con el objeto de establecer canales de comunicación entre el territorio P'urhépecha para intercambiar alternativas y estrategias útiles para la defensa de los pueblos... Además del intercambio de experiencias proponen la recuperación de textos y símbolos que afirmen su cultura... Proponen “obras de gran realismo” que representen la historia recién vivida y obras de arte que enseñen a los jóvenes a recuperar su identidad étnica... Este documento se titula significativamente: “Sin tierra, no hay cultura”...

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Fuente:
* (Literatura y política) periódico EL DÍA,
martes 17 de noviembre de 1981
por Carmen GALINDO.
* Fotografía de: Facebook.com/jenchekua.kuchunda