EL IRECHA.
Escrito por Leandro Espino Córdova.

… Poco a poco íbamos entendiendo más ese mundo (P'urhépecha) que nos había invadido. Poco a poco las noticias estaban fluyendo más claramente. Poco a poco el panorama se iba aclarando y también nuestras heridas iban cicatrizando. Es decir, al estar cada día en contacto, se nos fueron diciendo muchas cosas, se nos fueron respondiendo aquellas preguntas que nos hacíamos al principio. Podríamos decir que paso a paso nos estaban adoctrinando, nos estaban haciendo a su modo. En otras palabras, nos estaban introduciendo en su mundo.

Lógicamente algo que nos inquietaba era saber quién o quiénes gobernaban a esta gente y, ahora, a nosotros. Anteriormente de manera velada, envuelta casi en el misterio, se nos habló del IRECHA, del gobernante supremo. Ahora bien, resulta que el Imperio estaba gobernado por tres Señores que recibieron el mando de Tariácuri, el anterior gobernante. Hiquíngare, hijo de Tariácuri, Hiripan y Tangóazan, sobrinos, forman el triunvirato que extiende el Imperio, cada uno separado, o juntos pelearon sin tregua por diferentes lugares, conquistaron tanto el sur como el oriente, el poniente y el norte. Nosotros (Araró) no fuimos la excepción. Caímos bajo su poder.

El Irecha es un rey de esencia divina, el representante de Kurhika K'erhi en la tierra. La naturaleza divina del mando está vinculada a la cultura chichimeca. Pero este monarca absoluto no es un tirano. Las decisiones que debe de tomar se someten al Consejo de Ancianos. Es en cierta forma un gobierno de todos. El monarca de los P'urhépecha encuentra a los representantes de los diferentes grupos del pueblo. Cada delegado de estos es igualmente un uandári, un intérprete que habla en nombre de los suyos.

El Irecha está en el centro del pueblo, es la piedra clave del edificio del poder.

Desaparecido él, el imperio entero se desploma. Monarca de origen divino, el Irecha es temido y su autoridad no puede ser puesta en duda.

El Irecha es sobre todo un jefe de guerra, el descendiente de los reyes chichimecas que guía a su pueblo a través de las tierras desconocidas. En torno suyo se reúnen los acaecha, Señores de la ciudades vasallas, los capitanes de guerra, los caracha capcha, caciques de los pueblos de provincia, los ocambecha, recaudadores.

Todo el pueblo está al servicio del Irecha. Como el cargo del Señor Supremo, todos los puestos pasan por herencia de padre a hijo, y es el mismo Irecha asistido por su Consejo, quien elige entre los hijos al sucesor de un noble o de un sacerdote. Todos son lo que son por voluntad del Irecha, dependen totalmente de él. El carácter divino de esta jerarquía es los que constituye su fuerza, lo que une así al pueblo con su amo terreno.

Por eso la muerte del Irecha es un momento aterrador, porque los hombres quedan entonces separados del cielo, privados de su relación con los dioses. Las hogueras sagradas están apagadas, y el humo y los perfumes han dejado de subir para llevar a los dioses las oraciones de los hombres. La morada del Irecha está entonces “desamparada” y “oscura como niebla, o nublada”…

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(Extracto del libro ARARÓ P'URHÉPECHA
escrito por Leandro Espino Córdova. Araró, Mich. 2014.)