Por: Raúl Cruz Sebastián.
El pasado fin de semana nos invitaron al XXXIII, Aniversario Nacional de Alcohólicos Anónimos, en la ciudad de Morelia, en donde se encontraban representantes de todos los Estados de la República e incluso, de otros países. En la entrada de la Casa de la Cultura, el ambiente era de buena trato y de mucha cordialidad, y una música muy relajante; nos ofrecieron agua fresca y unos volantes en donde hablaban sobre los orígenes, las razones, y los fines nobles de esta organización. Tome asiento y a lo lejos entre aquella multitud diversa, vi a un señor sentado con un sombrero y con un bastón, estaba en silencio, observando, a lo que de inmediato me le acerqué para saludarlo y para un poco hacernos compañía ya que no había rostros conocidos entre los presentes. Sin darme cuenta estuve enfrente de un gran hombre P'urhépecha y que en su corazón guardaba una gran historia de; alegría, dolor, y tragedia.

Tata Apolonio, me contó una gran historia de su vida; “Soy P'urhépecha, de una Comunidad P'urhépecha", con una formación de autodidacta, con varias tierras que me dejaron mis padres y más la que adquirí con mi trabajo constante, esto me llevo a ser el hombre más respetado, y de mayor solvencia económica y moral en la comunidad, mi actitud respetuoso y de esplendidez contribuyo a ser el comunero más visitado y socorrido por las amistades de todos los niveles y de diversas comunidades y ciudades.

Me case, después construí mis casas, compre terrenos, y los acondicione como grandes explanadas para los más grandes reuniones, le enseñe a mi esposa a cómo atender a la gente, y las grandes personalidades; al igual que a mi primogénito, fui una persona muy emprendedora, en donde construí una pequeña empresa y así di trabajo a mucha gente de mi comunidad a hombres y mujeres. Así también me convertí, el padrino de bautismo de muchos niños, fui padrino de velación de muchos matrimonios; fui autoridad comunal y fui el más “grande” concesionario de camiones en la región, cada fin de semana su casa estaba lleno de mucha gente, porque organizaba grandes fiestas, grandes banquetes, en su casa llegaban los más importantes personajes de aquel entonces; sacerdotes, intelectuales, músicos y poetas, periodistas, políticos, pintoras. Yo estaba habido de aprender, me gustaba reunirme con ellos, porque me platicaban de las más grandes victorias, así como de los más grandes personajes de la historia, de líderes, de músicos, y de poetas de otras naciones, pedía que me tocaran tal obra musical y que me declamaran tal poema del tal poeta, todo aquello era interesantísimo y bello.

Invitaba a los mejores músicos, tríos de nuestra música tradicional P'urhépecha, a las bandas de música, orquestas de aquel entonces, aprecie y contemple a mujeres muy hermosas que asistían junto con sus esposos a estas grandes viandas que yo les organizaba, sin embargo, siempre fui respetuoso con todos. Cuando llegaba el fin de semana yo decía hoy voy a descansar; ¡y cual!, me llegaban los compadres y que se va casar su ahijado, y otra vez allí íbamos, sino era bautismo o matrimonio, era la fiesta patronal con alguna donación en el templo y la donación de una corrida de toros. Es aquí que el medio te va absorbiendo, es muy difícil que vayas en contracorriente con esta “tradición”, se terminaba estas fiestas, y se iban los invitados y nosotros nos quedamos en casa y aún tomando, aun brindando, ¿de qué brindábamos? Realmente no sabíamos ya, todos se daban cuenta que teníamos serios problemas ya de salud, y que estábamos cayendo en un espantoso hoyo del alcoholismo, todos nosotros en la familia.

La gente en la comunidad se nos quedaba mirando, y así también se iban alejando de uno y de nosotros como familia, yo invitaba a mis amigos y mis trabajadores a tomar conmigo, argumentándoles que nadie me entendía, y que extrañaba a mi padre que había fallecido; en la casa me quedaba tirado, de “ser un hombre distinguido, me convertí al ser más ridículo tirado en la calle”, uno ya trae este vicio como herencia familiar, solo hay que despertarlo; uno invita a los que en la bebida te den la razón, así también muchos quieren aprender de ti, pero así como te hacen llegar las más buenas vibras, así te traen los deseos más negativos de sus vidas y que propicien para que uno se pierda, y se tire al vicio, y si uno no tiene fuerza de voluntad pues allí te vas poco a poco.

Ahora, aquí me vez con mis 86 años, en este grupo con mis hermanos porque en un día en mi casa me caí en una escalera y me lesioné la columna, y al día siguiente tome un taxi y sin avisarle a nadie me vine a internar y rehabilitarme dure un año sin que supieran en donde estaba y sin que nadie me visitara; me atendieron de mi caída, pero la más difícil fue mi otra enfermedad la adicción del alcohol, así me rehabilité, perdí mis propiedades, me ante-lleve a mi esposa e hijo, por ello digo; que esto es difícil, y así les dijo a todos y todas, hasta el más humilde, y hasta el más brillante y preparado cae en esto, y ustedes van empezando están jóvenes tienen todo una vida por delante, tengan cuidado, valoren su vida, sus padres, su esposa, su trabajo, sus hijos pidan perdón, a Dios, a todos los que uno a ofendido, a uno mismo, es de hombres pedir ayuda, es de sabios reconocer y rectificar sus errores, esto lo que estamos viviendo son malos tiempos.