Por: Raúl Cruz Sebastián.

Lo que estamos viviendo en la actualidad ha sido parte de los sueños de muchos hombres y mujeres P'urhépecha que ya no están con nosotros, que con sus vidas, trabajos e ideales de un mundo mejor se concretara, donde no sería más vergüenza ser indios, indígenas P'urhépecha, donde el hablar una lengua indígena no fuera el motivo de ser discriminados, o en el caso de estudiantes quedarse fuera de las clases solo por no saber articular las palabras en castellano, y el bajarnos en los camiones a las mujeres de la ribera por llevar pescado para su venta de en otras comunidades vecinas, nos desalojaron en las banquetas publicas de las ciudades para vender nuestros productos y artesanías.

En las universidades no dejaban inscribirnos por no saber hablar y pensar argumentativamente, porque no podían entender sus ideas de los grandes pensadores, en los hospitales mejor nos aguantábamos nuestro dolor solo por no poder explicarnos con los doctores que nada más se nos quedaba viendo con mucha lástima y indiferencia. Donde en las escuelas nos pedían que no nos hiciéramos trenzas, y a los niños que dejáramos nuestro sombrerito y los huaraches, y que habíamos que memorizarnos los caudillos y que los mejor era el mundo del Turhísï y había que aprender el castellano y dejara nuestra lengua P'urhépecha que por culpa de esta lengua nuestros abuelitos se han muerto en la pobreza, en el atrasó, y en el olvido.

Lo mismo nos sucede con algunos sacerdotes reaccionarios, que vociferan a los cuatro vientos que hay que dejar nuestra comunión con la madre naturaleza, y de fiestas paganas, de alabar al gran T'arhésï, de conocer la filosofía de nuestros antepasados, de creer en el fuego y un Año Nuevo P'urhépecha, creer que los elementos como nuestros dioses. Al contrario debemos de estar al pendiente de los movimientos de los cardenales y de los grandes jerarcas de la iglesia católica como fiscalizan la fe como lo diría el gran escritor José Saramago.

Donde hay que empezar a “suicidarnos” para que seamos nota en los principales medios de comunicación y saber que existimos los indígenas para que seamos vistos y nos busque mitigar lo que más de 500 años hemos padecido hambre y olvido, como nuestros hermanos Raramuris en el caso más evidente del norte de nuestro país; donde la clase política mexicana prefiere estar levantando estelas de luces en plena hambruna y sequía de campesinos y pueblos indígenas en el país.

Cuántos calificativos negativos seguimos escuchando, "Usos y Costumbres" como que si estuviéramos en la Selva Lacandona, o ésta "lo que están encabezando este movimiento son gente resentida que no les toco un puesto y ahora se buscan fletar en este movimiento", que "son personas alcohólicas y drogadictos los que anda ahí", o ésta "ya verán que poco rato les durara el gustito a esos indios", etc.

Estos tiempos están cambiando, la sociedad indígena P'urhépecha ya esta quitándose las vendas de los ojos, y ha estado descubriendo de cuantos años vivió con el velo de la ignorancia y del conformismo, que gran pecado aceptar que la pobreza era parte de un designio divino, que el mostrar sumisión ante el poderoso era ser un hombre de valor, rendir tributo a políticos era ser un buen ciudadano, ahora este movimiento le decimos que los “indios” si sabemos organizarnos, aun así con todo los obstáculos que existen, no cantamos victoria, sino que es el principio de una nueva etapa de lucha, de movilización y organización estructural y reconstrucción de la Filosofía Purépecha.

La mirada esta puesta sobre los pasos de nuestros sueños, pedimos que no sea más de la descalificación y de la discriminación, sino del apoyo honesto, de la solidaridad, de la hermandad, de toda las comunidades vecinas hermanas y de toda la sociedad civil de nuestro país; sabemos que esto no será sencillo, sino que es una gran responsabilidad histórica, lo nuestro no es un asunto de política electoral, de toma de poder, sino por la defensa y la nueva relación filosófica con nuestras madre naturaleza, por eso decimos que esto tenía que ser así, no nos dejaron otro camino.