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    • Notas para la historia de la comunidad purepecha de Santa María Arantepacua, Michoacán

      Pablo Sebastián Felipe[1]

      Algunas de las fuentes más importantes que dan cuenta la historia antigua de los pueblos P’urhépecha es la Relación de Michoacán; las Relaciones Geográficas; la Relación de Residencia de Pátzcuaro; Diccionarios del siglo XVI en lengua de Michoacán; la inspección ocular; la conquista de Michoacán, entre otras. La información que posibilita la Relación de Michoacán durante la época precortesiana en cuanto a la denominada región serrana o Meseta P’urhépecha, y en particular la zona que llamaré sub área de la región serrana, asentadas las siguientes poblaciones: Pichátaro, Sevina, Comachuén, Turícuaro, Arantepacua y Quinceo, había sido poblado por varios grupos desde la época prehispánica. De acuerdo a los fragmentos de la visitación de Antonio de Caravajal, realizado en el año de 1523, señala que estaban asentados los pueblos Decuyxao, Acunboringuio, Chacharachapo, Maharazo, Haracheo, Toricaro, Aran, Aramantaro, entre otros. De tales asentamientos llama la atención dos de ellos, uno, Aramantaro y otro Aran.[2] Algunas gracias ya que pueden ser los referentes de algunos de las poblaciones actuales de Arantepacua. En cuanto a Aramantaro la visitación señala:
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      1] Karansti, k’umachuni anapu. Cítese al autor en su reproducción.
      [
      2] J. Benedict Warren. La Conquista de Michhoacán, 1521 – 1530, México, Fimax Publicitas, 1977, pp. 386 – 410.

      “Este día llegamos a un pueblo que se llama Aramantaro sujeto a Coringuaro que se llama el calpixque Tareque quere, que dijo que tiene tres casas. Está asentado encima de una loma de una sierra pelada que se llama Aramontaro. Beben de una fuente que se llama Paraxori. Modérese en veinte casas”. Esto quiere decir que entre los márgenes de la actual comunidad de Arantepacua estaba un asentamiento denominado Aramantaro.

      En relación a Aran la visitación señala. “Este día llegamos a un pueblo que se llama Aran sujeto a Erunguaricaro, que dijo que tiene seis casas. Está asentada en una ladera de una sierra montosa que se llama Guacuxua. Beben de una fuente que se llama Aran. Que está dos leguas. Modérese en diez y seis casas”.3 Como podemos apreciar Aramantaro y Aran fueron los asentamientos más antiguos que se fundaron en la época prehispánica y que ya estaban poblados a la llegada de los conquistadores. De tales datos se desprende que en la época de la colonia y propiamente en la congregación de los pueblos, efectuado a finales del siglo XVI y principios del XVII, Arantepacua fue reconstituida por dos grupos, los de Aramontaro y los de Aran.

      Otro dato importante lo encontramos en el trabajo de María Guadalupe Cesar,4 intitulado las congregaciones de los pueblos de indios en tres partidos serranos, entre sus argumentos señala que en los márgenes del actual pueblo de Arantepacua había una población denominada Arancaracua, si súmanos los dos anteriores asentamientos como resultado había tres sitios, pero desde mi perspectiva es probable que se trate de Aramantaro así registrado en 1523, y que probablemente a principios del siglo XVII haya adquirido la denominación de Arancaracua.
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      3 Idem.
      4 María Guadalupe César Villa. “Las congregaciones de los pueblos de indios en tres partidos serranos y sus consecuencias en el siglo XVII”, en: Arquitectura y Espacio social en los pueblos purépechas de la época colonial, Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Instituto de Investigaciones.

      Un expediente del Archivo General de la Nación, Clasificado como Expediente 442, folio 102, del año 1591, relativo a un caso “se manda pedir justicia a don Juan Cuneti en la posesión de la cantera de Paceovata…” el expediente anota al pueblo con las grafías Aran, asimismo, dos peticiones, uno relacionado al cacique del pueblo Juan Coneti y otro relacionado al indio principal Phelipe Coneti, “licencia para traer espada y daga en hábito de español”, asienta que el pueblo se llamaba Aran. En ese sentido, se desprende del expediente que a finales del siglo XVI el pueblo fue denominado como Aran, dato que confirma los apuntes que señala los fragmentos de la visitación de Antonio de Caravajal de 1523.

      Aquí nos vamos a detener un poco para dilucidar las distintas probabilidades del significado en torno al topónimo del actual Arantepacua.

      Por los datos históricos sabemos que durante la llegada de los españoles la región de la actual comunidad de Arantepacua estaba poblado por los asentamientos de Aramantaro y Aran. También sabemos que durante la conquista para efectuar los registros de las poblaciones antiguas fue fundamental el apoyo de intérpretes nativos que posibilitó la información a los escribanos. En tal contexto pudo originarse que muchos de los nombres de los asentamientos hayan sido registrados con grafías diferentes a la pronunciación de las voces p’urhépecha, quedando castellanizados los nombres con otros significados. Quizá algunos más fueron registrados con distintas denominaciones y no como los designaban los antiguos pobladores, en consecuente, perdiéndose los nombres principalmente por la política de las congregaciones de pueblos, o en su caso por otros motivos.

      Desde la perspectiva de la lingüística, las estructuras de las palabras están constituidas por una raíz, llamada también raíz radical, por sufijos o morfemas y por clíticos, la raíz radical indica de qué palabra deriva dicha voz y posee el significado más importante, es decir, con mayor peso semántico. Los morfemas están constituidos por consonantes y vocales que poseen significado dentro de la cadena morfológica y los clíticos son aquellas terminaciones de cada palabra que posee su propio significado. En ese sentido, la voz Aramantaro puede estar constituida por la raíz Ara, del verbo arakuni, que significa horadado o partido. El morfema ma numeral y taro, clítico continuativo en alusión a otro, la terminación ro, indica el complemento circunstancial de lugar.

      Es interesante subrayar que la historia oral emanada de la misma comunidad remita que en tiempos de la conquista, vivía un principal o cacique llamado Aranti, que significaría en nuestra interpretación, persona con oreja partida. Si retomamos el nombre de Aranti y lo asociamos con la voz de Aran, es posible que se trate de la misma palabra, aunque la segunda carezca del morfema ti ambos poseen la misma raíz. Por consiguiente, hay una probabilidad de que el nombre de la comunidad derive de la raíz Ara como ya lo hemos enunciado arriba, y que Aranti se haya escrito con el cambio vocálico Arante, que es muy común los cambios vocálicos en nuestras variantes, tales como:

      a – e Mirinhuari, mirinhueri
      a – e Niátani, nietani
      a – e Miasïnha, miesïnha
      i – e Churikua, churekua
      o – a Jauaron, jauaran
      o – u Kulon, kulan
      o – e Aliók’a, alieka
      o – e Uandonskuliok’a, unadonskuliek’a
      u – o Ukasï, okasï
      u – i Aampesku, aampenk’i

      Pero que mantiene el mismo significado, en ese sentido, Aranti y Arante significan oreja partida u horadada.

      ¿Pero desde cuándo el pueblo de Aran se le denomino Arantepacua? una pregunta interesante y difícil de responder, no obstante, podemos comentar lo siguiente. Apoyándome en elementos históricos, de acuerdo con María Guadalupe César en los años de 1598 a 1599 se realizó la visita y la demarcación de los pueblos serranos que serían congregados junto a otros pueblos, indicándose los lugares en donde serían trasladados.[3] Dicho dato nos permite conjeturar que el periodo de las primeras congregaciones de los pueblos serranos, entre 1598 a 1599, se les asigno su nuevo espacio, territorio y denominación, de tal manera que Aran se pasó a denominar Santa María Arantepacua, constituyéndose por un lado, el nombre de la virgen María que traían consigo los conquistadores espirituales, por otro lado, su nombre antiguo de Aran pero integrando la descripción geográfica en la que se congregaba, es decir, agregándose un topónimo, pacua, característica geográfica que significa lugar plano o de llanura, resultando el nombre de Arantepacua, con las grafías del periodo colonial. Por consiguiente, el proceso de congregación de pueblos le denominó al pueblo antiguo de Aran a Santa María Arantepacua. Nueva denominación que será utilizado en todos los escritos del periodo colonial hasta nuestras fechas.[4]
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      [
      3] María Guadalupe César Villa. “Las congregaciones de los pueblos de indios en tres partidos serranos y sus consecuencias en el siglo XVII”… Op. Cit.
      [
      4] Sería interesante explorar los antiguos restos de las yacatas para confirma su antiguo asentamiento, que es probable que estén cerca de los manantiales o en las laderas o cimas de las montañas, lugares estratégicos y simbólicos para los antiguos pobladores, mientras que para los conquistadores los lugares planos para la urbanización y control político, económico de la población.

      En síntesis, podemos decir que el vocablo Arantepacua es una palabra compuesta por dos voces, por un lado, Arante y por otro lado, pacua. Esta última con significado de llano o planicie que lo constituye el clítico circunstancia de lugar. En ese sentido, podemos decir que Arantepacua mantiene el nombre antiguo del viejo pueblo ya establecido antes de la conquista y de elementos coloniales a raíz de la conquista y de las primeras congregaciones.

      Hasta aquí algunos intentos por responder la pregunta anterior. No obstante, surge otra, ¿la denominación local e intercomunitaria por qué la denomina Jarhani pakua? Es una voz emanada propiamente por parte de la población contemporánea, propiamente por parte de los p’urhépecha y escrita con las grafías actuales, tales con el uso de la h intermedia entre la r y la a, o en su caso con el uso de la l, para asentar jalani, (otras variantes). Se reconoce el significado como; estas o vivir en un lugar llano. Es interesante ver que solamente se le antepone la consonante j a la raíz ara y la terminación en infinitivo ni que lo convierte en un verbo; jarhani, con significado estar. Mientras que pakua solamente cambia la consonante c por k, permuta de escritura que ocurrió a raíz de la aparición de nuevos diccionario p’urhépecha en el siglo pasado. No obstante, pakua, manteniendo el significado de llano.

      En un ejercicio de búsqueda, no se logró encontrar en algún documento oficial el vocablo con la voz de jarhani pakua, puesto que todas posen la denominación de Arantepacua, vocablo que hemos referido en líneas anteriores y que todos los documentos poseen. Como mera hipótesis, la denominación de jarhani pakua es tardío y pudo haber sido resultado en alusión a solo referir que la población estaba asentada en un lugar llamo, contextualiza el lugar, estar en un lugar llano, que deriva de jarhani pakua, dejándose de lado en la verbalización la raíz Aran. En ese sentido, es posible que la oralidad tomara como referencia la característica geográfica que indica el topónimo de pakua, de tal manera que hoy en día se le nombre oralmente como jarhani pakua.

      Características de Santa María Arantepacua, con jurisdicción en Paracho durante el siglo XVIII.
      “Dista de este pueblo del de Quinceo media legua larga al E., de camino sólo de herradura y bajando cuasi siempre. Su temperamento es frío, húmedo y sano. Su situación en un llano despejado. Sus casas de madera bajas y no de las más ruines, dispuestas en solares sin frondosidad.

      La iglesia es una nave de bastante capacidad hecha de adobe, con techo de tejamanil, buen entablado inferior, ruin coro alto, dos altares con sus retablos, uno dorado y el otro no, y sólo el primero decente y aseado, pero ambos de mala escultura. No tiene sacristía, bautisterio ni torre.

      Sus casas curales son poco habitables y no hay reales, ni cárcel ni capilla del hospital.

      Lo pueblan catorce tributarios indios, reducidos a pueblo, que nombran alcalde, regidor y alguacil mayor, y se dedican a hacer fustes y sembrar en tierras propias maíz de temporal. Son dóciles, laboriosos y algo ladinos.

      Tienen escuela y los salarios del maestro los satisfacen ayudados de la mitad de los bienes de comunes, que consisten en la contribución del real y medio y treinta pesos de renta anual de los pastos arrendados.

      No tienen cofradía y pagan al cura de Capacuaro, entre el común, su prioste y fiscal, ochenta y dos pesos seis reales anuales; dos y un cuarto fanegas de maíz, dos reales de un bautismo, dos pesos de un entierro y cinco pesos un real de un casamiento”.[5]
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      5] José Bravo Ugarte. Inspección ocular en Michoacán, regiones central y sudoeste, México, Editorial Jus, S. A., 1960, p. 70. Elaborado a finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX).

      Congregaciones de pueblos


      Para 1598 a 1599 se realizó la visita y la demarcación de los pueblos serranos que serían congregados, indicándose los lugares en donde serían trasladados. De acuerdo con María Guadalupe César se, “procedía primeramente un juez demarcador hacía el reconocimiento del sitio que se iba a congregar, señalando características geográficas, clima, número de tributarios, distancia entre los pueblos, etc., luego un juez congregador, con base en el anterior informe elegía los pueblos que se reubicarían y lo hacía del conocimiento de los indígenas, quienes podían objetar la orden siempre dentro del marco legal, por último se procedía al traslado de los naturales”.[6] De acuerdo a María Guadalupe César, después de la visita y la demarcación realizada por Bernandino Vázquez de Tapia, de algunos pueblos serranos, se determinaron seis estancias para ser congregadas en los pueblos de Cherán y Nahuatzen, entre ellos Arantepacua, Arancaracua, Quinceo, Napian y Comachuén a Cherán, mientras que Turícuaro a Nahuatzén, encargándose a Alonso Flores de Ovando ejecutar dichas congregaciones.[7]

      Sin embargo, encontramos que la disposición no fue acatada por parte de las estancias o pueblos con el argumento de que preferían ser congregados en la comunidad de Capacuaro, así mismo, solicitaron un ministro de Doctrina para que los administrara. Añade María Guadalupe, que la intención de las estancias obedeció a un intento de separarse de la cabecera religiosa de Sevina. Esta situación propició que el virrey Don Gaspar de Zuñiga y Acevedo Conde de Monterrey (1595-1603) a través de Fernando de Villegas, alcalde mayor de la provincia de Michoacán, indagara sobre el caso. El resultado de las averiguaciones fue que el corregidor de Chucándiro junto con Pedro de Cueva, recomendara que las estancias de Arantepacua, Arancaracua, Quinceo, Comachuén y Napián se redujeran en Cherán y Nahuatzen, lo que determinó que el virrey así lo determinara. No obstante, las estancias continuaron solicitando ser congregadas en Capacuaro, en la que no precedió y se les ordenó integrarse a Cherán y Nahuatzen.
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      [
      6] María Guadalupe César Villa. “Las congregaciones de los pueblos de indios en tres partidos serranos y sus consecuencias en el siglo XVII”… Op. Cit.
      [
      7] Idem.

      Según María Guadalupe, la medida causó un gran alboroto entre los indios, provocando que muchos de ellos huyeran a los cerros boscosos o a otros pueblos, como respuesta a tal disposición, abandonado sus sementeras y actividades, en que perjudicó tanto a ellos mismos como a su encomendero. Tal escenario, de nueva cuenta, hizo que el Virrey solicitara información, esta vez mediante Fray Diego Muñoz y Gaspar de Vega Rodríguez de la orden de San Francisco. Con resultado los ministros apoyaron la petición de los indios en ser congregados en Capacuaro; por tanto el 23 de septiembre de 1603 el virrey Juan de Mendoza y Luna Marquéz de Montesclaros (1603-1607), ordenó que la Congregación se hiciera en Capacuaro y que fueran administrados por el beneficiado de Sevina. Como podemos ver hasta aquí, las comunidades desde el inicio de la reorganización siempre buscaron formar parte de la congregación de Capacuaro, sin embargo, resultó contradictorio ya que aunque lograron tener la orden del virrey de ser parte de Capacuaro, algunos de ellos como Comachuén y Arantepacua se habían congregado ya en Nahuatzén y Cherán.

      En esta polémica y compleja situación, Guadalupe César señala, con el deseo de ver concluida esta congregación, el 30 de enero de 1604 gracias a Jerónimo de León, el virrey dejó en entera libertad de elegir a los pueblos de Cherán, Nahuatzén y Capacuaro para que dichas estancias se integraran; situación que fue aprovechada por los indígenas para regresar a sus antiguos territorios.
      “Pasando un tiempo, regresaron a sus antiguos asentamientos, como los casos de Quinceo, Turícuaro, Comachuén y Tanaco, a los cuales, seguramente, se les exigió que, al momento de reorganizarse, lo hicieran obedeciendo el modelo ya establecido por el programa congregacional”.[8]
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      [8] Ibid, p. 56.

      Por tal razón, algunos pueblos mantuvieron sus antiguos asentamientos y sus territorios, tal caso sucedió con Comachuén, Turícuaro, Arantepacua y Quinceo, Mientras que otros desaparecieron, como fue el caso de Arancaracua y Napian.

      Datos en torno a la parroquia de Natividad de la Santísima virgen María de Arantepacua

      “Esta auxiliar se erigió en buena fe el 13 de octubre de 1883, heredando inmediatamente encargado de él Trinidad de los Ángeles, cargo que entrego el 23 de abril de 1891. Se encargó del curato el R. A. Genaro Andrade el 24 de abril del mismo año de 1891, terminó su encargo el … de octubre de 1893, día 15 de octubre entregó la parroquia al cura de Paracho…[9]
      ________________________
      [
      9] Archivo Diocesano de Zamora. Fondo: Diócesis. Gobierno. Parroquias. Nahuatzen. Asuntos varios. De 1940 a 1985; Arantepakua. Asuntos varios de 1969 a 1995.

      El Sr. Rr. D. Pablo del Rio se encargó de la parroquia el 11 de enero de 1891 a 1896, terminó su encargo el 22 de febrero de 1908.

      El 23 de febrero de 1908 recibió el curato el Sr. Presbítero D. José Lara, terminando y se encargó el 20 de febrero de 1909 el párroco de Nahuatzen Dn. Francisco Castillo, desde su parroquia, terminó su encargo de este curato el 21 de febrero de 1909”. (Archivo Diocesano, Zamora Mich.)

      “Parroquia de la Natividad de la Santísima virgen María, Arantepacua, Mich. Fundado por el Sr. Obispo D. José María Cazares el 13 de octubre de 1883 y renovado por el sr. Obispo D. José Esaúl Robles J., el 21 de diciembre de 1975, con las comunidades de Turícuaro, Comachuén y Quinceo”. (Archivo Diocesano, Zamora Mich.)

      “…algunos año sin altar [el templo] desde que quemaron los revolucionarios en el año de 1918 en templo de la santísima virgen de Natividad…” (Carta dirigida al obispo de Zamora, junio 13 de 1945, rubrica; J. Cruz Jiménez, Donaciano Jiménez, Aurelio C[cue]onete y Juan López.

      En el periodo revolucionario de 1909 a 1918 la parroquia quedó desolado, destruido y quemado y para 1975 inició su restauración.

      “El pueblo de Arantepacua quiere construir un nuevo templo porque el actualmente tiene, está en muy malas condiciones y ya se está cayendo. Cuentan con trescientas hectáreas de maíz para pago de operarios y con bastantes materiales: piedra, tabique, arena y cal. Se le solicitó al ingeniero José Luis Amezcua que hiciera un diseño para la fabricación de este templo. Concedido el permiso en los términos de la súplica, marzo, texto sobre el documento original 15 de 19 55, (Carta al sr. Obispo Diocesano, Zamora, Mich., 5 de marzo de 1955).

      Resumiendo, el pueblo de Arantepacua durante las primeras décadas de la conquista tenía como cacique y principal a Juan Cuneti y a Phelipe Cuneti, descendientes de los antiguos cacicazgos del lugar. Los primeros asentamientos fueron Aranmataro y Aran. Entre los años de 1598 a 1599 se efectuó la primera congregación del pueblo y probablemente denominado Santa María Arantepacua. Durante los siglos XVII a XVIII el pueblo elegía Alcalde, regidor y alguacil mayor. En el ámbito religioso contaba con un prioste y fiscal.

      Fotografía de Juan José Estrada Serafín.

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      ARCHIVOS
      Archivo Diocesano de Zamora
      Este artículo fue publicado originalmente en el tema del foro: Notas para la historia de la comunidad purepecha de Santa María Arantepacua, Michoacán iniciado por Paquingasta Ver mensaje original
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